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Mostrando entradas de noviembre, 2023

EL FRENAZO

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Antonio Pintor vuelve en tren cada día de la oficina a su casa. Es un tipo razonablemente feliz, no atolondradamente feliz, no cree en ese tipo de felicidad, pero tiene buena salud, y una familia a la que adora y que le quiere, se considera afortunado. Hoy es un día como cualquier otro, va mirando por la ventana, dejando los ojos vagar por los feos descampados que se extienden al otro lado del cristal. De repente el tren da un seco frenazo y se detiene. Antonio está a punto de caer al suelo. Varios pasajeros se han golpeado y se quejan del dolor. Todos se miran. Algunos buscan la razón del frenazo en el exterior. Tras unos segundos de incertidumbre, el conductor, con voz entrecortada, dice por megafonía que el tren ha atropellado a alguien que cruzaba la vía, y reclama la presencia de algún agente de la autoridad que pudiera haber a bordo. La noticia desata un murmullo de sorpresa. Al cabo de unos minutos se confirma el fatal desenlace. Esa noche a Antonio le cuesta dormirse, piensa en

LA CHICA DEL MINI VERDE

Fue un encuentro fortuito, a lo mejor uno de esos que nunca debieron suceder. O sí, quién sabe. Éramos jóvenes, y seguramente estúpidos. Era una noche de verano. Pegajosa. Mi colega y yo íbamos en el coche. Nos habíamos tomado un par de cubatas en un garito y buscábamos la siguiente barra donde plantar nuestros codos sedientos. Paré en un semáforo. Pegado a mi catorce treinta se detuvo un Mini verde. Ella iba en el asiento del copiloto. La miré. Podía tocarla si estiraba el brazo. Me miró. Le sonreí. Ella se giró hacia su amiga para no tener que corresponder a mi torpe presencia. No sé si por mi natural estupidez, por los cubatas, o por una calculada combinación de ambas cosas, me dio por sacar la cabeza del coche y asomarme por la ventanilla del Mini. Su amiga me miró. Se rieron. ¿Tú quién eres?, le pregunté. Teresa de Calcuta, contestó. Todo lo que vi allí, desde los zapatos hasta el último rizo del pelo, todo lo que podía ver, oír, oler, imaginar, especular y hasta soñar me gustaba.