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ELLA

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  Empujé la puerta y entré en la sala. Una catarata de golpes de la synthbox me alcanzó de lleno y me hizo olvidar la mirada de sepulturero del vigilante de la entrada. Cuando me aclimaté al fragor que vomitaban los altavoces y a la histeria de las luces, mis oídos empezaron a escuchar, superpuestas a la música, voces de gente hablando y riendo; luego pude ver cómo de la penumbra surgían cuerpos moviéndose sincopados, sinuosos como anguilas, sudorosos como púgiles, hermosos como estatuas griegas. Fui al guardarropa y dejé mi abrigo Hugo Boss. Me guardé la ficha en el bolsillo, y en el punto muerto en el que decidía el siguiente paso, ella germinó delante de mí como una flor en un desierto de Marte. Me miró con la cabeza ladeada, sonriendo con descaro. Era la primera vez que la veía. Probablemente no fuera la más hermosa, pero esta vez dejé que las dudas se estrellaran contra el suelo. Era perfecta. Se tomó un tiempo para diseccionarme. Escrutó centímetro a centímetro mis aurículas, m

UN VIAJE EXTRAÑO

David se levantó del asiento de la sala de espera de la puerta de embarque y se dirigió a la fila que se estaba formando delante del mostrador. En el camino pasó al lado del contenedor de los envases y tiró la bolsa vacía de Doritos que tenía en la mano. La bolsa cayó al fondo del contenedor amarillo sin hacer ruido. Faltaban veinte minutos para embarcar y se extrañó de que hubiera tan poca gente en la cola, apenas un par de docenas de personas. Se distrajo mirando por los inmensos ventanales hacia la pista del aeropuerto de Barajas; allí pululaba una miríada de vehículos moviéndose como insectos, grandes, pequeños, cada uno con su misión, unos más deprisa, otros más despacio, cruzándose y descruzándose sin orden aparente, pero sin rozarse. Observó el avión que había al final del finger que le iba a transportar a su destino. Le pareció extrañamente limpio y reluciente. Era un avión blanco, sin los llamativos logos que suelen llevar en la cola. La inmaculada pintura solo estaba mancilla

METRO DE MADRID, LÍNEA 10, UN DÍA CUALQUIERA, 8:17 DE LA MAÑANA

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    Photo by Marc Groth on Unsplash   …el proyecto de Telefónica para Luis Javier, dos añitos en la empresa, todavía ni sabe donde está la fotocopiadora, claro, el puto máster y el inglés… ¿y los que llevamos quince años y tenemos el culo pelao de aguantar clientes?, no te jode, dan ganas de mandarlo todo a la mierda, aunque no sé, esta Susana… habrá oído algo a los de marketing, tampoco se entera mucho, en fin, joder como está esto hoy de gente, va super lento, faltan dos paradas, la niña a las tres de la mañana cantando por soleares, luego la cabrona se queda frita a las cinco y yo con los ojos como platos hasta que suena el despertador, te cagas, una estación, ¿cómo vendrá hoy?, ayer estaba un poco seria, como de mal rollo, joder, qué zapatos llevo, no me los he limpiado, qué raro que Pepi no me haya dicho nada, y el tipo este de al lado dormido como un niño pequeño, qué envidia, yo sujetándome los párpados con palillos, en cuanto llegue me aprieto otro café, a ver si reviento a ca