FELICIDADES, X
Conocí a X hace tiempo en un grupo de fb. Desde el principio me pareció un tipo educado, discreto, razonable y buena persona. El único trato que tuve con él fueron los comentarios en posts que poníamos cada semana en nuestro grupo de fb alrededor de un interés común. También le compré un interesante libro que escribió. El tipo transmitía buen rollo. Me viene a la cabeza el término bonhomía al acordarme de X, que me trae irremediablemente la figura de Antonio Machado, el de los hijos de la mar y el Cristo de los gitanos. Ayer era el cumpleaños de X, y fb, como hace siempre el día que cumple años alguien a quien tengo como amigo, como una secretaria eficiente que no espera agradecimiento ni sonrisa ni cesta de Navidad, porque no existe, porque son unas líneas de código de un sw que está corriendo como un hámster loco en su rueda en una máquina en un agujero en el desierto de nosédonde, gastando megawatios de electricidad y agua para refrigerar los procesadores recalentados, fb me avisó de que era el cumpleaños de X. Pero X falleció hace tres años. Me quedé parado, pensando en el bueno de X. Entonces, presa de un extraño morbo, entré en su muro, con el estómago encogido, como si entrara en un cementerio a medianoche con luna llena. Cuál no fue mi sorpresa cuando vi que, tan solo unas horas antes, tres personas le habían felicitado el cumpleaños. Joder. Tres personas habían escrito las típicas frases de felicitación: felicidades, X, que pases un buen día, con sus emojis de tartas, botellas y caritas con corazones. Mi dedo, sin ningún tipo de vergüenza, tiró para abajo. El año pasado otras tres o cuatro personas también le habían felicitado. Mirando los nombres, uno o dos eran los mismos que este año. Un poco alucinante todo. La primera reacción fue: joder, qué descuidados, qué irrespetuosos. Pero enseguida pensé que eso nos puede pasar a cualquiera. Si es alguien que no está en nuestra esfera cercana, de aquellos con los que interactuamos más o menos a menudo, aunque sea en el mundo del éter digital. Fb te cuenta que es el cumpleaños de alguien que hace tiempo que no ves, de quien hace tiempo que no tienes noticias, y vas y le felicitas, quizás con el propósito de reavivar algo el fuego de aquella amistad que se extingue lentamente, como harías con tu primo del pueblo o con aquella vecina con la que te cruzas de vez en cuando en las redes y a la que pones likes a sus fotos de las vacaciones. Pero resulta que ese alguien ya no está en este mundo, y que tú no te has enterado. A lo mejor debías de haberte enterado, quizá no. No tengo respuesta a eso. Cada relación es distinta, cada circunstancia. Y ya está. Es solo eso, no hay que buscarle más pies a este gato escurridizo.
Creo que voy a pedir amistad a esas personas que felicitan a X año tras año, y le ponen frases cariñosas que él no sé si es capaz de leer desde donde esté. Para que cuando me vaya, alguien me felicite el día de mi cumpleaños.
Photo by TOM on Unsplash
Creo que voy a pedir amistad a esas personas que felicitan a X año tras año, y le ponen frases cariñosas que él no sé si es capaz de leer desde donde esté. Para que cuando me vaya, alguien me felicite el día de mi cumpleaños.
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